Una nueva política para una nueva Constitución

El sistema binominal terminó hace tiempo. No podemos seguir en la lógica de bandos. Tenemos que construir una nueva forma de relacionarnos.

Por Paulina Vodanovic

Mayo 17, 2021

Hoy es el primer día de la nueva Constitución. Ella será escrita por hombres y mujeres, en paridad, y con miembros de los pueblos originarios, sin duda representando la diversidad de Chile. Si desagregamos la votación de los electos, los grandes ganadores son los independientes, lo que es consistente con el bajísimo índice de confianza de los partidos políticos.

La Constitución de 1980 quedará, plebiscito de salida mediante, en el pasado, y tendremos la primera Constitución escrita por constituyentes electos por la ciudadanía. Mucho se dijo que la gente “no quiere a los mismos de siempre”, y así ha quedado demostrado. Los independientes serán la bancada más grande, habrá que conocerlos y saber cuáles son sus postulados y lo que representan.

También es ya un hecho que no hay vuelta atrás en términos de representación femenina, con una elección constitucional que marcará un precedente para cualquier conversación futura: demostró que existen mecanismos eficaces si existe voluntad y, sobre todo, demostró que existían muchos más liderazgos femeninos que lo que nos habían dicho por décadas. Las candidatas concentraron altos porcentajes de votación en varios distritos.

Vamos Chile, unido en un pacto, pese a todas sus diferencias, obtiene mucho menos de lo que esperaba y, por cierto, lejos del tercio que buscaba, y de su objetivo: mantener el poder de veto.

Más que nunca se necesitará el diálogo para lograr acuerdos que no irán orquestados por los partidos políticos, sino que irán construyéndose a partir de las confianzas que puedan generarse y, es de esperar, sin dejar de escuchar a la ciudadanía permanentemente.

La menor votación, después de la gran hazaña del Apruebo y de las multitudes en las calles que clamaban por el cambio, lleva a buscar causas profundas. Es esperable que el sistema político aún no sea capaz de procesar adecuadamente las expectativas que se tienen de él. ¡Eso es precisamente lo que estamos intentando cambiar! Lo que no es esperable es que se siga dilapidando el poco crédito de confianza que sigue teniendo la gente en las vías democráticas para resolver nuestros retos.

¿Cómo estar a la altura? A largo plazo, con una implantación territorial en serio, rompiendo la distancia entre élite y ciudadanía con trabajo local. En el corto plazo, el camino institucional debe ser abordado con responsabilidad, en especial en la Convención. Habrá que confirmar día a día que la deliberación es la opción válida para resolver nuestras diferencias y construir un marco compartido.

El piso mínimo es un debate responsable y transparente, una participación ciudadana sustantiva y mecanismos de rendición de cuentas. No hay margen, el fondo y la forma serán determinantes para crear una nueva relación de Chile con lo político.

El sistema binominal terminó hace tiempo. No podemos seguir en la lógica de bandos. Tenemos que construir una nueva forma de relacionarnos, como chilenos y chilenas, dejando de lado la confrontación permanente y buscar los acuerdos que permitan construir y recuperar la confianza de la ciudadanía, no solo en los partidos políticos, sino en nuestras instituciones y, en particular, en quienes escriban la Constitución para el Chile del siglo XXI.

Si queremos un país de compatriotas, de solidaridad, de unidad, todos y todas debemos asumir esa responsabilidad. De lo contrario, el sistema político terminará sin crédito, en deuda y pidiendo prestado a la paz social.

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