Xavier Altamirano

Xavier Altamirano

Director ejecutivo de la Fundación Horizonte Ciudadano

[¿Y ahora qué?] "Ahora el peor error que podemos cometer es no afianzar lo que sí está claro: pese a la gran diversidad de la oposición, coincidimos en pasar de un estado subsidiario, una democracia fatigada y un sistema económico neoliberal, a un Estado social y democrático de derecho".

¿Y ahora qué?

Tal como ocurre después de una elección –y con mayor razón con una de tal peso histórico y con tan pocos precedentes a los cuales echar mano–, hemos atravesado una semana llena de preguntas, análisis y esbozos de respuestas.

Es muy probable que aún no logremos dimensionar en toda su complejidad el mensaje y la composición del 78% que respaldó en las urnas la opción de iniciar un proceso constituyente con una convención paritaria y electa en su totalidad para este fin.

Han convivido muestras de profunda emoción entre quienes adherimos a las dos alternativas ganadoras y de estupor, de la misma profundidad, entre quienes creían que sus compatriotas estaban satisfechos con el modelo de sociedad imperante en Chile. Quedará en la memoria colectiva la insólita disociación de las tres comunas más ricas y el resto del país. Estaremos atentos a ver cómo los sectores conservadores se atreverán a procesar que su temor a perder privilegios es la antítesis del temor que tiene el resto del país de que todo siga igual.

Pero son tiempos de humildad. La oposición tiene la difícil tarea de generar respuestas a la altura de la oportunidad inigualable de construir un país más protector y menos desigual.

Es fácil perder pie con un escenario tan abierto, un calendario electoral intenso y el exceso de apetitos individuales. ¿Cómo orientarse? Dando prioridad al esfuerzo de consolidar contenidos compartidos y empujarlos junto a la ciudadanía. Es una buena noticia haber derrotado la parálisis para pasar a la etapa de construcción. Pero entendamos de una buena vez que el eje del poder se desplazó desde las cúpulas partidarias a la co-construcción en los territorios. No es en la sede del partido que hay que buscar las claridades, es en las plazas donde trabajan unitariamente militantes, organizaciones sociales y ciudadanos independientes.

En otras palabras, los mecanismos electorales se acordarán en su momento y los liderazgos aparecerán cuando estén maduros. Ahora el peor error que podemos cometer es no afianzar lo que sí está claro: pese a la gran diversidad de la oposición, coincidimos en pasar de un estado subsidiario, una democracia fatigada y un sistema económico neoliberal, a un Estado social y democrático de derecho. Lo que Chile pide es garantías en educación, salud, pensiones, vivienda; pide un modelo de desarrollo inclusivo y que proteja el medio ambiente; y pide una redistribución del poder en la ciudadanía. Es decir, existen mínimos que deben operar como base de entendimiento para una co-construcción.

En este sentido, la discusión sobre si necesitamos más o menos independientes es errar en el diagnóstico. Para que su inclusión sea realmente un factor que refresque liderazgos y prácticas, debe estar condicionada a la suscripción a un proyecto colectivo al cual puedan aportar.

Lo mismo ocurre con el reglamento. Lo prioritario es que las normas estén al servicio de la transparencia, la rendición de cuentas, y la participación incidente de la ciudadanía durante los 9 a 12 meses de la convención.

Dar cumplimiento al mandato del 25 de octubre no será fácil y tomará más tiempo que el proceso constituyente. Pero ni no somos capaces de separar lo prioritario de lo secundario, habremos pasado a engrosar las filas del 21%.

Publicada el 1 de noviembre en El Desconcierto