Sergio Molina

Sergio Molina

Encargado de Comunicaciones de Proyectos

[ELECCIONES DE INFARTO] "Si hay algo que caracteriza la última etapa de la campaña electoral en Bolivia es que refleja con claridad la polarización extrema en la que encuentra el país desde hace más de un año".

Elecciones de infarto

Si hay algo que caracteriza la última etapa de la campaña electoral en Bolivia es que refleja con claridad la polarización extrema en la que encuentra el país desde hace más de un año. Por un lado, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales y, por otro, una variopinta muestra de la fragmentación política boliviana, que coincide en una sola cosa: el deseo de desterrar definitivamente del país todo lo que esté relacionado con Morales y su partido.

La mayoría de las encuestas realizadas en los últimos días afirman que ningún candidato tendrá mayoría suficiente en la primera vuelta del 18 de octubre y que habrá una segunda vuelta electoral entre los dos más votados el próximo 29 de noviembre.

Quien más cerca está de ganar es el representante del MAS y exministro de Evo Morales, Luis Arce Catacora. Sin embargo, su triunfo en primera vuelta no le permitiría llegar al 40% o más (con 10 puntos de diferencia con el segundo candidato), que necesita para ganar según el sistema electoral boliviano. Arce tiene en su haber ser artífice de la estabilidad macroeconómica que caracterizó a Bolivia en los últimos años (en medio de la bonanza que se vivió en ese mismo periodo en toda la región); y también de estar acompañado por David Choquehuanca, excanciller con fuerte ascendencia sobre los movimientos campesinos e indígenas bolivianos.

En segundo lugar, se encuentra Carlos Mesa, el expresidente y candidato de Comunidad Ciudadana; Mesa no apasiona, pero da ciertas certezas de moderación a los sectores menos politizados y centristas de las clases medias y podría atraer en segunda vuelta el voto antimasista que es mayoritario pero que hasta ahora ha sido incapaz de unir bajo su candidatura.

El tercer lugar se encuentra Luis Fernando Camacho, un exdirigente de la ultraderechista Unión Juvenil Cruceñista, que se hizo famoso en las semanas de movilización que terminaron con el gobierno de Morales un año atrás. Camacho es fiel a los sectores más conservadores y racistas de la elite cruceña y dice ser el genuino representante del antimasismo.

Este espacio lo logró a costa de la presidenta interina, Jeanine Añez, que, si bien comenzó su candidatura con ciertas esperanzas y logró la compañía de experimentados políticos y dirigentes, en las últimas semanas comenzó a caer en picada en las encuestas, cercada por las denuncias de corrupción contra sus colaboradores y por su inexperiencia política. Todo ello la llevó a renunciar a su candidatura para no dilapidar aún más el escaso capital político que le quedaba. Ahora bien, es pronto para saberlo, pero los votos que seguían fieles a Añez no parecerían trasvasijarse directamente a Carlos Mesa, sino que se dividirían entre él y Camacho, por lo que el escenario electoral no parece haber variado significativamente con su renuncia.

Finalmente, los otros cuatro candidatos restantes en lo único en lo que coinciden es en un antimasismo furibundo, de forma que sus escasos seguidores votarán en segunda vuelta por cualquier candidato que no tenga relación alguna con Morales.

En resumen, Luis Arce, en representación de Evo Morales, necesita ganar en primera vuelta para ser Presidente, en el balotaje tendría que enfrentar a toda la oposición unida y probablemente sería derrotado; Carlos Mesa desde La Paz aspira a ser segundo y ganar en la segunda vuelta, se perfila, así, como uno de los favoritos; y Luis Fernando Camacho desde Santa Cruz quiere dar el zarpazo y desplazar a Mesa para luego ser beneficiario del voto antimasista.

Los que parecen más urgidos con este escenario —porque ven que a pesar de ganar podrían quedarse sin el poder—, son los candidatos del MAS que intentan torcer el rumbo haciendo promesas que eran impensables hace unos meses: por ejemplo que los funcionarios evistas más prominentes no volverán al poder, o dando a entender que el expresidente aún debe dar explicaciones sobre su supuesta relación sentimental con una menor de edad, o que, si ganan en primera vuelta, continuarán los diversos procesos judiciales que tiene Morales en su contra.

Eso sí, en caso de perder Arce, el probable escenario que se avecina es un Congreso dominado por el MAS, con un presidente débil y de otro signo político (con la sombra de Morales rondando) y con una sociedad depauperada, profundamente polarizada y movilizada. Si gana el MAS el escenario es aún más complicado, pero ese es tema de otro artículo.

Publicada el 15 de septiembre en El Dínamo