Discurso homenaje a la Presidenta Michelle Bachelet

Palabras de nuestra Presidenta, Gloria de la Fuente, en el homenaje para nuestra fundadora y expresidenta de Chile, Michelle Bachelet Jeria en la comuna de La Pintana.

Octubre, 2026.

Discurso homenaje a la Presidenta Michelle Bachelet

Muy buenas tardes.

Quiero partir con un recuerdo y con una emoción personal. La primera vez que vi a Michelle Bachelet fue en La Florida, comuna donde vivía, en La Barraca, en una actividad organizada por el entonces diputado Carlos Montes hace unos 25 años. Ella era ministra de Salud para un público de unas 200 personas, a gente la aplaudía y ovacionaba con entusiasmo y ella desbordaba simpatía y preocupación. Como joven universitaria pensaba “Cuando grande quiero ser como ella” que parece entender la política desde otro lado.

Recuerdo el año 2006, cuando Michelle Bachelet asumió la Presidencia de la República. Recuerdo a las niñas caminando por las calles con una banda presidencial cruzándoles el pecho. Puede parecer una imagen pequeña, pero no lo era. Porque desde ese momento algo cambió profundamente en nuestra sociedad. Miles de niñas entendieron que había espacios que también les pertenecían, que podían soñar con ir más lejos, que podían llegar más alto.

Eso es lo que hacen los grandes liderazgos: no solo gobiernan, también amplían el horizonte de lo posible.
Y he tenido la suerte de ver ese liderazgo de cerca. Como subsecretaria de Relaciones Exteriores pude acompañar a la presidenta Bachelet en distintas actividades en Chile y en el mundo. Y hay algo que siempre me impresionó: dondequiera que estuviéramos, siempre había alguien que quería hablar de ella o con ella.

Recuerdo particularmente una vez, en África, cuando una ministra se me acercó emocionada, al saber que yo era chilena. Me contó que había llegado a ocupar ese cargo inspirada por el ejemplo de Michelle Bachelet en ONU Mujeres. Pensé entonces en la enorme dimensión de un liderazgo que no solo transformó la vida de las chilenas y chilenos, sino que abrió caminos para mujeres de distintos continentes, culturas y realidades.

Y eso tiene una explicación muy sencilla: la presidenta Bachelet nunca ha entendido el poder como un lugar para quedarse, sino como una herramienta para servir.
Por eso, incluso las decisiones más difíciles de su trayectoria han tenido el mismo sello. Poner a Chile, a las personas y a los proyectos colectivos por delante de cualquier interés personal.

Retirarse de ciertas responsabilidades también puede ser un acto de liderazgo. No porque cierre una historia, sino porque confirma una forma de entender la política y el servicio público. La presidenta Bachelet nunca ha buscado aferrarse a los cargos; siempre ha buscado contribuir desde donde pudiera ser más útil.

Y si uno tuviera que resumir qué es lo que ha movido toda su trayectoria, creo que la respuesta está en las personas.

En cada responsabilidad que ha asumido, la pregunta ha sido siempre la misma: ¿cómo afecta esto la vida de la gente?

Como presidenta de Chile, impulsó cambios pensando en la vida cotidiana de las familias, de las mujeres, de los niños y niñas, de las personas mayores, de quienes necesitaban más protección y más oportunidades.

En los organismos internacionales, en ONU Mujeres y como Alta Comisionada para los Derechos Humanos, mantuvo exactamente la misma brújula: poner a las personas en el centro, especialmente a las más vulnerables.

Porque para Michelle Bachelet lo global nunca ha sido algo lejano. Siempre ha sabido que lo que se decide en el mundo termina llegando a la mesa de una familia en Chile o en algún lugar del mundo.

Y quizás por eso, en tiempos en que vemos retrocesos democráticos, guerras, polarización y discursos de exclusión en distintas partes del planeta, su ejemplo adquiere aún más valor. Ella nos ha mostrado que es posible construir un liderazgo distinto: un liderazgo basado en la empatía, en el diálogo y en la porfiada obligación de poner a los seres humanos en el centro siempre.

Y muchos de los que estamos aquí somos testimonio de eso.

Entre nosotros hay ministras, alcaldesas, parlamentarias, dirigentes sociales, dirigentes territoriales, personas que dieron sus primeros pasos junto a la presidenta Bachelet o inspiradas por su ejemplo.

Porque uno de sus mayores legados es que no forma seguidores. Forma liderazgos.

Liderazgos con autonomía, con convicción y con vocación de servicio.

Y precisamente porque sus ideas siguen vivas y siguen dialogando con los desafíos de nuestro tiempo, nace y crece Horizonte Ciudadano, inspirado en la trayectoria y los principios de su fundadora.

La Fundación surge de una convicción muy simple: que los problemas de las personas merecen reflexión seria, evidencia, diálogo y propuestas.

Hoy enfrentamos desafíos enormes. El desempleo y las dificultades económicas que afectan a miles de familias. La seguridad, porque vivir sin miedo es una condición básica de la dignidad y de la vida en comunidad. Los desafíos migratorios, que exigen orden y control, pero también humanidad y cooperación. La crisis climática y ambiental. Las incertidumbres de un escenario internacional cada vez más complejo. Y el impacto de las nuevas tecnologías sobre el trabajo, la democracia y nuestras formas de convivencia.

Son desafíos reales. Los vemos todos los días. Los vemos aquí, en La Pintana, una comuna que conoce como pocas las dificultades, pero también el valor de la organización, la solidaridad y la esperanza.

Y esos desafíos no se enfrentan con consignas. Se enfrentan con ideas, con diálogo, con evidencia y con la capacidad de construir acuerdos amplios.

Por eso Horizonte Ciudadano quiere ser una casa abierta. Un espacio para pensar el Chile que viene, para convocar al progresismo chileno en toda su diversidad, para construir propuestas y ampliar el horizonte de nuestro proyecto común más allá de las fronteras partidarias.

Las puertas de esta Fundación están abiertas para todas y todos quienes quieran pensar este país en serio y trabajar por un Chile más justo, más humano y más igualitario.

Presidenta Bachelet:

Gracias por su ejemplo. Gracias por enseñarnos que la firmeza puede convivir con la empatía. Gracias por demostrar que la política puede ejercerse con humanidad. Gracias por abrir caminos que muchas y muchos seguimos recorriendo.

Su horizonte siempre ha sido Chile y su gente.

Y aquí estamos, con gratitud, con cariño y con compromiso, para seguir caminándolo junto a usted.

Muchas gracias.