4 de julio o la nueva concepción de la política regular

Ya se han fijado estándares que a mi entender no tienen vuelta atrás: exigir paridad de género y asumir nuestra identidad plural en visiones del amor, de la nación, de la cultura.

Por Xavier Altamirano

Julio 9, 2021

Como todo campo de actividades, la política se ha construido lentamente en torno a un conjunto de instituciones, conocimientos, prácticas y valores. Hay que remontar al siglo XIX para ver el inicio de un camino sostenido hacia la diferenciación respecto de otras profesiones: siguiendo a Max Weber, con la remuneración de la actividad se empieza a conformar un grupo de personas que viven “para” y “de” la política.

Son los profesionales de la política o los “señores políticos” que denostaba el dictador Pinochet. Esos mismos que han dado vida a las instituciones democráticas, sean los gobiernos, el Congreso o los municipios. Es decir, quienes han hecho funcionar nuestra vida en común. Nos guste o no.

Teniendo esto en mente, una de las cosas más interesantes que han ocurrido con el inicio de la Convención Constitucional es que Chile tiene la posibilidad de repensar aquello que caracteriza la política y sus reglas internas. Es otra hoja en blanco a la que también hay que prestarle atención.

No buscamos reiterar lo obvio: que estamos escribiendo nuevas normas que serán la base de gran parte de nuestras instituciones políticas. Apuntamos más bien a lo que puede significar el funcionamiento de las y los 155 constituyentes como nuevo cuerpo político y como generador de nuevas prácticas políticas. Es decir, cuánto afectará lo que ocurra en estos 12 meses en nuestra mirada de la política regular. ¿Cambiarán los comportamientos de lo que consideramos normal en política? ¿Cambiarán los valores en torno a los cuales se evalúa una trayectoria política exitosa?

Hasta ahora, la sociedad chilena ha conocido ciertos roles políticos y atributos que son más o menos valorados para avanzar en una trayectoria ascendente de prestigio y poder. Desde la acumulación de experiencia electoral, hasta el desempeño en cargos de creciente responsabilidad, pasando por el conocimiento del aparato estatal o una determinada capacidad oratoria.

Estas reglas propias del campo político son las que empiezan a ser sacudidas cuando las y los representantes convencionales han seguido un camino distinto. De acuerdo a la “Caracterización de la convención” (Claudio Fuentes, 2021), 2/3 de sus integrantes no milita en partidos políticos y sólo 20 de 155 ha ocupado cargos de representación popular. Si bien en la convención el 91% posee estudios superiores, es innegable que hay una diversidad social mayor a la habitual y perfiles más alejados del campo político tradicional.

De allí viene el interés por observar con otros ojos la manera en que se organizarán y buscarán representar lo político en un espacio colectivo inédito. Como cuerpo se están dotando de nuevos ritos, de nuevos reglamentos, de nuevas propuestas para abordar la perspectiva de género o la pluralidad cultural. ¿Cuánto de eso permanecerá? ¿Cuánto de eso ya permea al resto de los actores políticos?

Será esclarecedor ver, por ejemplo, cuánto del modus operandi del Congreso será integrado a la convención constitucional. Con ello sabremos el peso que sigue teniendo esa “escuela política” chilena y la capacidad real de innovar en modos de deliberar, de materializar acuerdos o de convivir con las distracciones de la coyuntura.

Ya se han fijado estándares que a mi entender no tienen vuelta atrás: exigir paridad de género y asumir nuestra identidad plural en visiones del amor, de la nación, de la cultura. Ojalá tengamos también la oportunidad de fijar mayores estándares en términos de transparencia, de rendición de cuentas y de participación activa de la ciudadanía.

En este gran proceso de aprendizaje democrático que hemos iniciado como país aún está por verse la magnitud de la contribución de la asamblea nacida el 4 de julio.

Publicada el 9 de julio de 2021 en Cooperativa.

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