21 de agosto

“El centro y el socialismo democrático tienen pasado y sobre todo tienen futuro.  No debemos quedarnos en el discurso de autoflagelantes y autocomplacientes”.

Por Paulina Vodanovic

Agosto 8, 2021

Inicio estas líneas recordando la partida de la militante socialista y abogada María Ester Feres, una mujer que fue capaz de entender que hay matices, grises en la política, y también consecuencia y entrega. María Ester vivió el exilio, fue una abogada laboralista comprometida con los derechos de los trabajadores, con un sello personal y una personalidad cautivante. Siempre igual, como abogada, asesora de la CUT, Directora del Trabajo. Fue  capaz de conciliar la militancia política consecuente en favor de las y los trabajadores y las complejidades de la política en una democracia globalizada. Su lealtad y consecuencia, por un lado, así como su capacidad de diálogo y construcción, por el otro, son un ejemplo ineludible para todos quienes, inmersos en la discusión política, intentan no confundir adversarios con enemigos, ni imponer sus ideas a como dé lugar.

Y esto no es sólo un homenaje a su persona sino un llamado a quienes formamos parte de la centro izquierda.

Recordarla y recordar a través de su ejemplo lo que nos une y convoca.

En los tiempos actuales, donde la polarización simplifica de tal forma los procesos sociales que resulta fácil identificar quien es el bueno, el malo o el feo; el villano o la víctima. Las redes sociales son caldo de cultivo ideal para estas pulsiones, obedecen estructuralmente a esa dinámica porque ante la complejidad y multidimensionalidad de cualquier fenómeno y en medio de la sobreinformación digital, es casi natural confiar en las simplificaciones.

Cuando el entorno es incierto e imprevisible, nada como la certeza binaria que obliga a tomar partido. El populismo también juega con las dicotomías, con los blancos y los negros, y en lugar de matizar, aleja y polariza. Y esto no es atributo de un sector político en particular,  lo hay de derecha como de izquierda, autoritario o con visos democráticos.

Actualmente en el país hay diferentes políticos y candidatos que, jugando peligrosamente con los extremos, buscan tener mayor cabida en la opinión pública. Desde la extrema izquierda a la extrema derecha es fácil identificar a quienes cuadriculan el país como si fuera un ring de en el cual se imponen por características personales: el más astuto, el más fuerte, el más simpático, el que tiene mayor facilidad de palabra o el que miente mejor.

Sin embargo, las personas –no los bots-  aquellas que apenas tienen unos minutos a la semana para pensar en política (y que tienen a WhatsApp como su principal herramienta de comunicación digital), buscan más que discursos dicotómicos o binarios, certidumbre y certezas; liderazgos confiables y alternativas responsables

Ese es el grupo de personas que las encuestas no miden y por las cuales esos instrumentos se equivocan rotundamente una elección tras otra. Afortunadamente, ese espacio comenzó a llenarse después del reciente debate de las precandidaturas de Unidad Constituyente el lunes pasado donde pudimos escuchar posturas de las candidaturas del centro y el socialismo democrático.

El centro y el socialismo democrático tienen pasado y sobre todo tienen futuro.  No debemos quedarnos en el discurso de autoflagelantes y autocomplacientes. El desafío es enfrentar los problemas actuales y solucionarlos, con convicción. Establecer, por fin un Estado social de derechos, incorporar nuevas generaciones y nuevos actores imprescindibles para el futuro, la participación ciudadana y un estándar ético imprescindible en la política.

Consecuencia, entrega, defensa de los derechos sociales, un proyecto colectivo para el Nuevo Chile; eso es lo que nos une y convoca a votar el próximo 21 de agosto.


Publicada el 8 de agosto de 2021 en El Mercurio.

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