Claudio Castillo
Opinión

La pandemia de coronavirus ha obligado a tomar medidas drásticas para aplanar la curva de circulación del virus (suspensión de actividades, cierre de fronteras y aislamiento obligatorio), y dar respuesta a necesidades de diagnóstico, cuidado y recuperación para quiénes presenten la enfermedad.

Los países que primero presentaron este brote tomaron distintas medidas, y todo indica que la oportunidad de las mismas, el alcance de la detección y la rigurosidad en la verificación del cumplimiento de cuarentenas, como la responsabilidad ciudadana dan un mejor resultado.

El Sistema de Salud chileno, segmentado y fragmentado, responderá a esta pandemia desde su propia realidad, exigiendo al máximo la realización de exámenes de detección y disponibilidad de camas de alta complejidad con ventilación mecánica incluida, entre otros servicios. Un problema es que el examen no es gratuito para todas las personas, poniendo una barrera a la detección, y a la implementación de las medidas que las autoridades sanitarias han recomendado para quienes están confirmados y que son de beneficio comunitario. Respecto de la administración de camas críticas, ésta debiera responder a una priorización única y nacional, es decir, convertidas en un bien escaso, se asignen bajo razones sanitarias y nunca por capacidad de pago.

La crisis mundial del coronavirus está demostrando que tener sistemas públicos de salud fortalecidos y con alta capacidad de respuesta, no es un lujo o una carga, sino un bien preciado que no debe dejarse al funcionamiento del mercado, como lo dijo el Presidente Macron. Reflexionemos sobre los valores que como sociedad ponemos en práctica en momentos como éste y cómo fortalecemos la red pública de salud y a la autoridad sanitaria en su conjunto. 

Claudio Castillo
Director de Fundación Horizonte Ciudadano.

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