Michelle Bachelet
Opinión

Palabras durante su intervención, en video, del lanzamiento de la Red Ciudadana por la Calidad del Aire, que se lleva adelante en 11 comunas de Chile, y que es encabezado por la Fundación Horizonte Ciudadano.

Amigas y amigos:

Quiero enviarles un saludo afectuoso a la distancia, y agradecer la invitación a ser parte de este esfuerzo por relevar la necesidad de documentar y disminuir el impacto de la contaminación del aire, en especial en las vidas de niños y niñas.

Permítanme saludar a María Neira, directora de salud pública y del ambiente de la OMS, a los representantes de la sociedad civil, de la academia y, por supuesto, a cada uno de los alcaldes presentes. Me parece una señal muy valiosa que se pueda avanzar en torno a objetivos comunes desde distintas posiciones.

Porque los desafíos que enfrentamos requieren que todos hagamos más. Tal como ha informado la Organización Mundial de la Salud, 7 millones de muertes ocurren cada año debido a la contaminación atmosférica. Si recordamos que 418 mil muertes aproximadamente son atribuibles al COVID-19, entonces podemos calibrar la urgencia que enfrentamos. La contaminación del aire es una tragedia. Una tragedia muy silenciosa que debe ser abordada con la misma seriedad que tienen sus efectos.

Esta tragedia nos afecta a todos, pero es más dura con los sectores empobrecidos. Además, la evidencia muestra que niños y niñas absorben proporcionalmente muchos más contaminantes.

Es decir, el tipo de viviendas, calefacción, transporte, industria, terminan afectando a millones de niños y niñas y limitan gravemente su derecho a desarrollarse en plenitud. El derecho a vivir en un entorno seguro y saludable es, por lo tanto, un derecho que tiene consecuencias directas en el bienestar de los seres humanos. Con mayor razón cuando son los más frágiles.

Es tiempo que lo entendamos y que hagamos los cambios en forma integral. Como Alto Comisionado de Derechos Humanos, hemos abogado por atenuar el cambio climático y prevenir sus repercusiones negativas sobre los derechos humanos. Este es el mismo combate: contra las emisiones contaminantes, pero sobre todo contra una forma de vivir que debe cambiar.

Hay otro aspecto central en el que no voy a profundizar porque María probablemente lo hará en sus palabras. Pero sólo quiero recordar que, para ser ejercido, el derecho a la salud requiere que los Estados brinden acceso a una salud universal de calidad y oportuna. Hay mucho conocimiento acumulado, pero seguimos sin aplicarlo. No sólo debemos decir con claridad que es en el Estado que recae resguardar el pleno ejercicio del derecho a la salud. No hay otro garante del bien común y responsable de los bienes públicos esenciales, al mismo nivel que las libertades o la seguridad. Además, debemos favorecer miradas integrales, que parten desde lo local. Como bien saben nuestros amigos alcaldes, esto significa que la Atención Primaria de Salud juega un papel estratégico para permitir el mayor acceso posible a toda la población y así atacar muchas desigualdades.

Hay maneras de avanzar para dar más bienestar. Chile y muchos países de la región han puesto en marcha planes de descontaminación en base a sistemas de medición de la calidad del aire. Los resultados en el sector salud muestran reducciones significativas. En Chile, por ejemplo, entre 2013 y 2019 se registran 400.000 consultas de urgencia menos, por año, debido a enfermedades respiratorias en niños entre 0 y 4 años[1].

Si a esto sumamos las reducciones de emisiones asociadas a la lucha contra el tabaquismo, los impuestos verdes y el recambio de calefactores, vemos que existen instrumentos a imitar o profundizar. ¿Por qué no usarlos entonces? Necesitamos reforzar la masificación de las medidas que han tenido resultados y sumar nuevas posibilidades, como por ejemplo, los efectos positivos de la electromovilidad y las construcciones más eficientes.

Por eso como oficina vemos con mucho interés las propuestas de avanzar a soluciones aplicables, en especial si parten de un principio de colaboración regional y buscan incorporar a las comunidades a los proyectos. El pleno ejercicio de los derechos humanos requiere mucho trabajo de educación pero también muchas transformaciones concretas.

Amigas y amigos,

La pandemia nos ha obligado a parar y reflexionar sobre lo que podemos hacer mejor. Ha sido un aprendizaje doloroso. Pero tenemos la oportunidad de abordar con otra mirada nuestro desarrollo y trabajar mucho más colaborativamente. Podemos construir sociedades más respetuosas de los derechos humanos si lo hacemos entre todos, poniendo en el centro el bienestar de las personas.

Históricamente, Latinoamérica y el Caribe ha sabido levantarse frente a la adversidad, buscando con creatividad nuevas rutas para la realización de su gente. Espero sinceramente, por el bien de nuestros niños y niñas, que estemos a la altura y sepamos construir otras ciudades, otras relaciones y otras realidades.

Muchas gracias y les deseo el mayor de los éxitos.



[1] Indicadores básicos de salud, DEIS-MINSAL, Chile.

Michelle Bachelet
Alta Comisionada para los Derechos Humanos

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