[WEBINAR] Alta Comisionada de DDHH, Michelle Bachelet: "Cuando nos recuperemos de la pandemia, deberíamos aprovechar la oportunidad de nuestras vidas: reconstruir mejor"

05 de mayo de 2020

Nuestra fundadora participó en un foro de conversación en la Universidad de Chile junto al rector de la casa de estudios, Ennio Vivaldi, la directora de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina, Verónica Iglesias, y el Jefe del Programa de Salud Global, Alex Alarcón. En el encuentro, la autoridad ONU analizó la situación de los países en la crisis sanitaria y resaltó la necesidad de contar con una perspectiva de derechos humanos. El siguiente texto abarca parte de las palabras de la Alta Comisionada.

[WEBINAR] Alta Comisionada de DDHH, Michelle Bachelet: "Cuando nos recuperemos de la pandemia, deberíamos aprovechar la oportunidad de nuestras vidas: reconstruir mejor"

MIENTRAS EL VIRUS NO DISCRIMINA, SUS IMPACTOS SÍ LO HACEN

"Aunque hoy estemos físicamente distantes, debemos permanecer juntos. La superación de la pandemia exige una acción decisiva, coordinada e innovadora de todos y para todos.  Y los esfuerzos de respuesta serán más efectivos con los derechos humanos como eje central.

Hace dos semanas, el Secretario General publicó un informe que demuestra cómo los Derechos Humanos pueden -y deben- guiar la respuesta y la recuperación a la COVID-19. La prioridad es proteger las vidas humanas. La respuesta debe ser inclusiva, transparente y responsable.

Asimismo, las medidas de emergencia que contribuyan a contener la propagación de la enfermedad deben ser temporales y proporcionales, protegiendo a las personas y el estado de derecho.

La pandemia es un riesgo para todos nosotros, pero tiene efectos desproporcionados en la salud y los medios de vida de ciertas personas y comunidades.

Mientras el virus no discrimina, sus impactos sí lo hacen.

Ustedes lo saben, lo viven a diario en los consultorios, en hospitales y clínicas.

Es preciso poner especial cuidado en identificar a las personas que podrían estar en peligro de exclusión, tales como los miembros de minorías nacionales, étnicas o religiosas, los pueblos indígenas, los migrantes, desplazados y refugiados, las personas de edad avanzada, las que viven con discapacidad, los miembros del colectivo LGBTI o las personas afectadas por la pobreza extrema y las mujeres.

Las instituciones nacionales de derechos humanos, las entidades de la sociedad civil y las comunidades locales tienen un rol importante en ayudar a identificar a las personas que, de otra manera, se verían excluidas o marginadas.

De hecho, el respeto de todos los derechos humanos, incluyendo los derechos económicos, sociales, civiles y políticos, será indispensable para el éxito de la respuesta de salud pública – y para que podamos reconstruir mejor".

 

MEDIDAS SIN PRECEDENTES

"Con eso en mente, mi oficina ha publicado directrices y recomendaciones que están a disposición de los Estados y de todas las personas, y sobre algunas de las cuales hablamos hoy.

En los países desarrollados, las deficiencias en el acceso a los cuidados sanitarios, en los derechos laborales y la protección social, en la vivienda, y en materia de dignidad se revelan de pronto con la máxima nitidez.

En los países en desarrollo, donde amplios sectores de la población dependen del ingreso del día para sobrevivir y disponen de escaso acceso a la atención médica, las consecuencias pueden ser aún peores.

El carácter universal de la amenaza del virus constituye el argumento más convincente que jamás haya existido en pro del acceso universal y barato a la atención sanitaria. La pregunta es si los gobiernos aceptarán el reto de reforzar los sistemas de salud en esta dirección.

Las medidas de confinamiento domiciliario y de distanciamiento social deberían tener en cuenta que su aplicación es muy difícil para las personas que viven en condiciones de hacinamiento y las que no disponen de acceso al agua y el saneamiento.

Además, será preciso tomar medidas económicas y sociales de vasto alcance en todos los países, a fin de atenuar la repercusión de la epidemia y reducir al mínimo el crecimiento de la desigualdad.

Todavía no hemos experimentado el efecto pleno de la pandemia sobre las economías nacionales y sobre el conjunto de la economía mundial.

Pero, por ejemplo, según un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la pandemia provocará la mayor contracción de la actividad económica en la historia de la región: una caída del -5,3% en 2020. Si se confirman estas proyecciones, las consecuencias pueden ser catastróficas. ¿Se está actuando en consecuencia? ¿Nos estamos preparando adecuadamente? Cada gobierno debe dar la respuesta a la población.

Muchos Estados en diferentes regiones han adoptado medidas sin precedentes para proteger los derechos de los trabajadores y reducir al mínimo el número de desempleados.

Todas las naciones que dispongan de recursos suficientes deberían hacer otro tanto.

Pero numerosos países en desarrollo disponen de menos capacidad para absorber y atenuar las repercusiones económicas y sociales de la epidemia.

Esos países tal vez sean los más vulnerables a cualquier recesión mundial, entre otros factores debido a la fluctuación de los precios de las materias primas, el declive de la inversión extranjera, el endeudamiento y la disminución de las remesas.

Al respecto, el Secretario General ha propuesto soluciones como la reducción de la deuda, la ampliación al financiamiento por conducto del FMI y el aumento de las contribuciones al Fondo Humanitario Mundial, aunque estas medidas no excluyen otras que también podrían adoptarse.

Asimismo, los gobiernos, el sector público y el privado, y las organizaciones nacionales e internacionales deberían intercambiar prácticas idóneas con miras a atenuar las repercusiones socioeconómicas negativas de esta crisis".

 

DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS

"También quiero hacer hincapié en la imperiosa necesidad de respetar los derechos civiles y políticos durante la crisis.

Sabemos que muchos gobiernos del mundo afrontan ahora decisiones difíciles. Medidas de urgencia son necesarias para responder a esta emergencia de salud pública.

Sin embargo, la crisis no es un cheque en blanco para hacer caso omiso de las obligaciones en materia de derechos humanos.

Como dije anteriormente, las medidas de emergencia que se apliquen deben ser las indispensables y proporcionales para satisfacer esa necesidad. La población debe recibir toda la información posible acerca de esas medidas y debe saber por cuánto tiempo estarán vigentes.

Me inquieta que algunos gobiernos nacionales tengan asumido poderes de emergencia sin fecha de termino, así como las medidas adoptadas con el fin de limitar la libertad de prensa y de expresión.

Sabemos que en algunos países hay periodistas que han sido castigados por informar acerca de la carencia de mascarillas, trabajadores sanitarios amonestados por decir que no disponen de suficiente protección y ciudadanos ordinarios arrestados por publicar en las redes sociales comentarios relativos a la pandemia.

No olvidemos: la crítica no es delito.

 

UN PROBLEMA PARA LAS MUJERES

En primer lugar, todos los esfuerzos nacionales deberían tratar de atenuar la repercusión de la epidemia sobre los grupos más vulnerables, incluso las mujeres, que tienen más probabilidades que los hombres de percibir bajos salarios o de trabajar en el sector informal, sin bajas por enfermedad remuneradas, seguro de salud ni protección social.

Las medidas de confinamiento plantean cargas suplementarias a las mujeres, entre otras la de cuidar a los enfermos, los ancianos y los niños que ahora no asisten a la escuela.

Las niñas y las mujeres también corren mayores riesgos de padecer violencia doméstica, tal como demuestran las estadísticas compiladas recientemente en todo el mundo.

En cuanto a la educación a distancia, las niñas disponen de menos acceso que los niños a internet y a los teléfonos móviles. Los efectos de esta situación quizá no se perciban de inmediato, pero podrían perjudicar posteriormente la causa de la igualdad de la mujer. 

Otros grupos vulnerables también necesitan más atención y medidas de atenuación, incluyendo las personas en centros de detención y otras instituciones, como hospitales psiquiátricos y orfanatos; personas con discapacidad; pueblos indígenas y minorías; migrantes, refugiados y desplazados internos; personas que están en zonas de conflicto, y, en particular, los ancianos, sobre todo los que viven solos o en instituciones.

Muchas orientaciones específicas sobre estos temas han sido creadas por mi Oficina.

Asimismo, todos los países deben adoptar medidas de amplio espectro para absorber la repercusión económica y social de esta epidemia y para reducir al mínimo el crecimiento de la desigualdad.

En todas partes, es probable que la pandemia cause daños desproporcionados entre los pobres.

Se necesita una enérgica acción gubernamental para garantizar a las personas más pobres la seguridad de algún ingreso, la protección de los medios de subsistencia y el acceso a bienes y servicios esenciales.

Es fundamental evitar que las personas pierdan sus hogares a consecuencia de la pérdida de empleo.

En cuanto a los indigentes y otras personas que carecen de viviendas adecuadas, las medidas podrían abarcar el uso de casas y apartamentos alquilados a corto plazo, así como de alojamientos de emergencia. 

La protección de los trabajadores sanitarios y su remuneración adecuada también debería ser de máxima prioridad.

Cabe señalar que el 70 por ciento de los trabajadores sanitarios son mujeres y muchas de ellas podrían enfrentarse a las obligaciones adicionales que señalé anteriormente".

 

DESINFORMACIÓN Y MIEDO

"La realidad es que cualquier obstáculo perjudicial para los esfuerzos médicos en un país incrementa el riesgo que todos corremos.

Las sanciones sectoriales que repercuten negativamente sobre los cuidados sanitarios y los derechos humanos de las personas más vulnerables deben suspenderse de inmediato o modificarse mediante excepciones humanitarias, a fin de garantizar el acceso a suministros esenciales.

Las crisis tienen un poderoso efecto revelador. La historia nos enseña que es en los episodios más críticos en que se develan las capacidades de respuesta de todos, las grandezas y las bajezas humanas. Esta no ha sido la excepción.

No cabe lugar al nacionalismo o a la búsqueda de chivos expiatorios. No obstante, la pandemia está generando una ola de estigmatización y discriminación en todo el mundo.

Tenemos que trabajar juntos para hacer retroceder esta tendencia, que se alimenta de la desinformación y el miedo. Las campañas de sensibilización y la difusión de información precisa, clara y basada en pruebas son las herramientas más eficaces.

Además, en todas las etapas de esta respuesta -incluso en la de recuperación- deben realizarse esfuerzos para lograr la participación de las instituciones nacionales de derechos humanos, los activistas de la sociedad civil y los defensores de derechos humanos.

La epidemia ha dejado clara la necesidad de que aumentemos nuestros esfuerzos para asegurarnos de que toda la población, incluso los más vulnerables, disfrute de las ventajas del desarrollo.

Debemos redoblar los esfuerzos para forjar sistemas económicos más integradores y sostenibles, y para crear sociedades más resilientes a las catástrofes. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible siguen siendo nuestra mejor herramienta.

También debe quedar claro que la protección del medio ambiente y la preservación de la diversidad biológica son cruciales para evitar pandemias y proteger la salud y el bienestar de las personas.

El deterioro medioambiental y la pérdida de biodiversidad crean las condiciones para la zoonosis de los animales a los seres humanos, que en repetidas ocasiones ha degenerado en epidemias. No se trata solo de la COVID-19: ustedes recordarán el SARS, el MERS y el virus del Ébola, que también tuvieron sus orígenes en este tipo de zoonosis, de modo que debemos garantizar el respeto del medio ambiente. Esta es una crisis mundial, y ningún país puede combatirla solo.

Hemos confirmado que necesitamos la cooperación científica internacional. Es momento de confirmar que también necesitamos la solidaridad y la coordinación internacional. Esta crisis pone de manifiesto en qué medida necesitamos la acción conjunta internacional y demuestra el valor de nuestras organizaciones multilaterales".

 

 "TENEMOS QUE SER MEJORES DE LO QUE ÉRAMOS ANTES"

"Las Naciones Unidas fueron creadas para prevenir, atenuar y abordar de manera más eficaz las crisis internacionales. Insto a todos a que aunemos esfuerzos con el fin de promover una estrategia de cooperación mundial sólida y multilateral. Y cuando nos recuperemos de la pandemia, porque lo haremos, deberíamos aprovechar la oportunidad de nuestras vidas: reconstruir mejor. Tenemos que ser mejores de lo que éramos antes.

Desde cada espacio en que nos desempeñemos tenemos una responsabilidad que cumplir. Esa fue la razón que me impulsó a estudiar medicina y fue parte importante de la formación que recibí en esta Facultad de Medicina. Por eso hoy, para cerrar, quiero recordar las palabras de la gran doctora Eloisa Díaz, colega ilustre y mujer gigante “Con levantado propósito he osado llegar hasta este recinto donde se somete a prueba y se consagra al sacerdocio de la más noble de las profesiones. Porque, ¿qué cosa hay más noble y más grande que aliviar a la humanidad doliente y salvar la vida del deudo querido?”

Los invito a no bajar los brazos y a seguir trabajando por aliviar a la humanidad doliente".