Camila Sáez, escritora de No Somos Nanas, en el homenaje a Ruth Olate en el ex Congreso Nacional

10 de diciembre de 2019

En estas líneas, la periodista cuenta el día que conoció a la histórica dirigente y cómo una entrevista abrió las puertas para un libro de no ficción, que trata sobre la lucha de las trabajadoras de casa particular, que carecían de derechos básicos.

Camila Sáez, escritora de No Somos Nanas, en el homenaje a Ruth Olate en el ex Congreso Nacional

Quisiera comenzar contándoles cómo conocí a Ruth, hace dos años. Ese día llegué al sindicato de trabajadoras de casa particular para entrevistar a su presidenta para una publicación. Sin embargo, cuando me fui, quedé impactada con su historia y me encontré con la responsabilidad de difundir el legado de Ruth Olate. Continué visitando al sindicato para escuchar sus historias, aprender de ella y debatir sobre los verdaderos problemas de las mujeres en Chile, mientras el feminismo comenzaba a ganar espacios y adherentes en las calles de nuestro país.

 

De tantas cosas que me contaba, Ruth se reía y me decía en broma que yo iba a terminar escribiendo un libro con sus memorias. Y sin quererlo terminó siendo cierto. Luego de un año de visitar periódicamente el sindicato, reuní todas las entrevistas y conversaciones que habíamos tenido, las redacté y me di cuenta que tenía en mis manos un manuscrito con las memorias de la vida de Ruth Olate y con la historia de la reivindicación de los derechos de las mujeres trabajadoras domésticas de Chile.

 

Homenajear a Ruth precisamente aquí en la sede de Santiago del Congreso Nacional, es algo muy especial, porque fue en el Congreso, exactamente hace cinco años, que se aprobó por unanimidad la ley que hoy regula el trabajo doméstico. Esta ley vino a saldar una deuda histórica que el Estado mantenía con las mujeres más pobres de este país y es el legado más grande que nos deja la gestión de Ruth Olate.

 

Cinco años atrás, esta ley impulsada por Ruth Olate, les otorgó a las trabajadoras de casa particular derechos tan básicos como feriados libres, fines de semana, sueldo mínimo y una jornada laboral establecida. Cinco años atrás, estas mujeres por fin dejaron de ser discriminadas por las leyes y sus derechos laborales fueron equiparados a los de cualquier otro trabajador.

 

Pero no sería justo ocultar que, durante estos cinco años, este rotundo éxito ha dejado también un sabor amargo. Un amargor que parece invisible detrás de un delantal, que permanece siempre en la cocina, oculto detrás de un par de guantes de goma o encerrado en una diminuta pieza de servicio. Porque de poco sirve una ley que otorga dignidad a estas mujeres trabajadoras si la sociedad las sigue discriminando.

 

De poco sirve que hoy estemos homenajeando a Ruth Olate si mañana ni siquiera miraremos a los ojos a la mujer que trabaja en nuestras casas cuando nos abra la puerta o nos sirva la comida. De poco sirve reconocer sus derechos laborales en un contrato si el trato sigue siendo igual al de tiempos de servidumbre, inquilinaje o esclavitud y si todavía sigue siendo un insulto tratar a alguien de “cara de nana”, como hace pocos años le dijeron a una cantante.

  

Porque como bien dice Ruth: “Nosotras no somos nanas”. Ser la nana de alguien siempre va a esconder un sentido de pertenencia. “Que lo haga mi nana”, “para eso tengo nana” o “mi nana es parte de la familia”. Pero estas mujeres no necesitan que las adopten, necesitan que las respeten como trabajadoras. Por eso, cinco años atrás, con el voto de muchos de los parlamentarios aquí presentes, se acabaron las nanas en este país. Hoy las trabajadoras de casa particular tienen los mismos derechos y merecen el mismo respeto que cualquier otro trabajador. Todo eso fue gracias a la tenacidad y el sacrificio de Ruth Olate.

 

Por eso estamos aquí reunidos, para brindar un merecido homenaje a esta mujer, que levantó la voz por la dignidad del trabajo doméstico, y que después de más de diez años a la cabeza de las trabajadoras de casa particular, deja el domingo su cargo en el sindicato y se retira definitivamente a descansar, para cuidar su delicado estado de salud. Chile le debe mucho a Ruth Olate.